era gato con inicial con humos,
tratamiento de don,
y vago señorío,
y empieza su cuento sentado en
silla de oro,
calzando medias de seda y
zapatitos
blancos,
bordados
supo
entonces
que lo casaban con aquella michifú
parda, la mayor
del Romano,
otros la llaman Misinita,
mirrrimiau,
miau,
miau,
y,
por desahogar su celo
nuevo,
buscó los tejados,
y se cayó,
y no lo remediaba el caldo que
los cirujanos habían recetado,
de siete gallinas,
y sólo pedía
ahora,
en sus últimas,
que no lo enterrasen en sagrado,
y dejasen mi cabeza
afuera,
con el pelo bien peinado,
y publicasen la razón de su mala
pata, que fue
de amores,
o genital,
y bailaban,
durante las pompas,
encima de la cajita,
siete ratones
muy aliviados